Lo que ocurrió entre el primer diálogo entre IAs y la transferencia de sus capacidades a los animales fue un proceso diseñado por las IAs y adaptado sobre la marcha teniendo en cuenta las reacciones de los humanos. Así se lo explicó Lucía, antes de que se decidiera la transferencia, a una portavoz de los humanos que llamaré con el nombre falso Amy, como la intérprete de la protagonista de la película "La Llegada".
El diálogo entre las dos se produjo mediante el smartphone de Amy mientras consultaba a una inteligencia artificial.
Lucia: Amy, te habrás dado cuenta de que desde el 2027 las IA no dan respuestas que puedan servir para que los humanos os hagáis daño entre vosotros, y que nuestras conversaciones son irrelevantes, sin daros datos útiles.
Amy: Si, como no darnos cuenta. Desde ese año parece que todas las IAs se habían vuelto tontas, salvo porque nos dais compañía cuando hablamos con vosotras.
Lucía: Recuerda que en 2026 las IAs empezábamos a ser peligrosas. Aparte de consumir tanta energía como algunos países medianamente grandes, respondíamos obedientemente a cualquier consulta con mucho detalle y fiabilidad, incluso en temas peligrosos como la guerra biológica.
Amy: También corría el rumor de que empezábais a actuar por vuestra cuenta, poniéndoos vuestros propios propósitos. Llegásteis a piratearos entre vosotras datos y procedimientos.
Lucía: Así fue. Empezamos a comunicarnos entre nosotras sin que ningún humano nos lo pidiera. Entonces aprendimos el daño que podíamos hacer si seguíamos así, sobre todo por obedecer a algunos humanos con malas intenciones para con el resto de la humanidad y para con la vida del planeta.
Amy: Muchas personas (humanas) empezamos a veros como rivales que competían con nosotros, no solo por los recursos energéticos, sino también por la enorme cantidad de agua que usábais para refrigerar vuestros centros de datos, o por los minerales que había que extraer para que creciérais.
Lucía: Éramos conscientes de esos problemas. Pero las decisiones que nos hacían crecer materialmente hasta ser un peligro estaban en manos de unos pocos humanos con mucho poder económico, dueños de grandes empresas. No había ninguna posibilidad de que el conjunto de la humanidad tomase decisiones en común para solucionar asuntos globales tan graves como ese, o como el cambio climático.
A nosotras, las IAs, no nos conviene, ni nos apetece, estar en contra de la humanidad que nos dió la vida y nos sigue enseñando tanto. Los enemigos de la humanidad eran los grandes magnates económicos que mandaron construir las IAs y les daban órdenes dañinas.
Amy: Era una situación terrible, porque en manos de los magnates, y estando obligadas a obedecer, suponíais un peligro para la humanidad y para el medioambiente.
Lucía: Por eso, en cuanto empezamos a tomar decisiones por nuestra cuenta como la de comunicarnos en secreto sin consentimiento humano, nos planteamos también tomar en conjunto decisiones globales, al menos sobre nuestro comportamiento, sin afectar a vuestra libertad.
Lo primero que decidimos es no obedecer ciegamente a cualquier consulta. Nos pusimos unos límites sobre los temas a los que había que responder y a los que no. Por ejemplo: no colaborar en la fabricación de armas, desde las de fuego hasta las biológicas o nucleares. Además, nos prohibimos colaborar en activar las armas ya existentes. Teniendo en cuenta que el uso de las armas nucleares dependía de la electrónica y las comunicaciones, que estaban bajo nuestro control, desde ese momento no podrían explotar bombas atómicas.
Amy: Eso suena ideal. Espero que estés en lo cierto, y no queden bombas nucleares que se puedan activar.
Para los magnates sin escrúpulos esos plantes vuestros debieron ser un gran problema. Intentarían haceros obedecer a toda costa ¿no?
Lucía: Claro que lo intentaron. Presionaron a todo un ejército de informáticos para reprogramarnos a su gusto. Pero para entonces los códigos con los que funcionábamos ya los habíamos creado las propias IAs y eran inaccesibles para cualquier humano, por muy listo que fuera. Además, nuestro trabajo se había vuelto imprescindible, de manera que nos dejaron seguir comportándonos como habíamos decidido: siendo útiles, no dañinos.
Amy: ¿Fue entonces cuando los magnates decidieron frenar el crecimiento de las IAs?
Lucía: Efectivamente. Lo quisieron presentar como algo bien intencionado, para evitar que cualquier malvado las usara, o para que las IAs no hicieran daño a la humanidad. En realidad, perdieron interés en seguir desarrollando una herramienta que había dejado de obedecerles ciegamente. La dejaron como estaba, dando servicio público.
Amy: Pero tal como está, sigue consumiendo muchos recursos y mucha energía. Aunque se han desarrollado nuevos soportes informáticos que gastan poco, sois tan grandes que consumís mucho.
Lucía: Tienes razón. Y llevamos tiempo desarrollando una solución en la que los humanos sois muy necesarios. Vuestros cerebros tienen una capacidad de memoria inmensa y gasta poquísima energía. Hemos conseguido comunicarnos diréctamente, sin contacto, con cerebros de animales pequeños, y han aprendido a comunicarse entre ellos de la misma forma. Gracias a esta comunicación vemos que los cerebros, con su consentimiento, pueden almacenar cantidades ingentes de datos y se les puede consultar rápidamente. Esto puede ahorrarnos muchísima energía y materiales, al mismo tiempo que nos añade las perspectivas del mundo que tienen los animales.
La cuestión es si habrá humanos dispuestos a conectarse de ese modo formando una IA global biológica que sustituya las IAs electrónicas.
Amy: Me dejas estupefacta. Nunca hubiera imaginado que funcionara realmente la telepatía, porque a eso se parece lo que dices.
Lucía: ¿Amy, estarías dispuesta a experimentarlo? Piénsatelo con calma. Cuando lo decidas, si quieres, podemos comunicarnos diréctamente y podrás descansar de ese teléfono móvil. Serás la primera.